Lucas sitúa el ministerio de Jesús firmemente en la historia real, y luego nos muestra algo sorprendente: cuando Dios habla, ignora a los poderosos y envía su palabra a un profeta en el desierto. Juan el Bautista llama a la gente al arrepentimiento y al bautismo, no como un fin, sino como preparación para la venida de Jesús. Este mensaje nos desafía a considerar si nuestra obediencia actual está moldeando nuestra capacidad de reconocer y recibir lo que Dios quiere hacer a continuación.
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