Queridos hermanos y hermanas. Bienvenidos (as) a este “podcast”,
LA BUENA PALABRA, con el cual los Misioneros Redentoristas de la Provincia de Baltimore les traen la Buena Nueva de Jesús cada día.
Soy el Padre Manuel Rodríguez, redentorista, de la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Brooklyn, Nueva York. Hoy es el sábado del vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario.
Hoy, reflexionamos sobre el pasaje del Evangelio según San Lucas, capítulo 6, versículos 1 al 5.
Nos disponemos a escuchar este pasaje:
Un día de reposo, Jesús caminaba entre los sembrados. Sus discípulos arrancaban espigas de trigo, las desgranaban entre las manos y se comían los granos. Entonces algunos fariseos les preguntaron: ¿Por qué hacen ustedes algo que no está permitido hacer en los días de reposo?
Jesús les contestó:
¿No han leído ustedes que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios y tomó los panes consagrados a Dios, comió de ellos y dio también a sus compañeros, a pesar de que solamente a los sacerdotes se les permitía comer de este pan.”
Y añadió:
El Hijo del hombre tiene autoridad sobre el día de reposo.
Palabra de Dios
En este texto, Jesús nos presenta un importante mensaje que trasciende el tiempo y sigue siendo relevante en nuestras vidas hoy en día. Les invito en este día leer de manera meditativa este pasaje y reflexionar el mensaje que comparto a continuación con Uds., nuestros queridos oyentes.
La enseñanza fundamental que Jesús quiere transmitir es que el sábado fue hecho para el bienestar del hombre y no al revés. Dios estableció el día de reposo para que tuviéramos un tiempo para descansar, adorarlo y dedicarnos a actividades que nos acercaran más a Él y a nuestros semejantes. Sin embargo, en lugar de ver el sábado como una bendición, los fariseos lo habían convertido en una carga y una oportunidad para juzgar y condenar a otros.
En este pasaje, Jesús nos recuerda que no debemos caer en el legalismo y la rigidez religiosa, olvidando la verdadera esencia de la ley divina: amar a Dios y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Si nuestras acciones están motivadas por el amor y el deseo de hacer el bien, entonces estamos viviendo el mensaje central del Evangelio.
Así que, hermanos y hermanas, reflexionemos en este mensaje. No permitamos que nuestras prácticas religiosas se conviertan en una mera formalidad vacía de significado. En lugar de juzgar a otros por su apariencia o sus acciones externas, tratemos de comprender sus corazones y motivaciones.
Aprovechemos el día de reposo, o cualquier día que dediquemos a la oración y a la reflexión espiritual, para fortalecer nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Recordemos que lo que Dios busca en nosotros es una actitud de humildad, amor y compasión hacia los demás.
Que el ejemplo de Jesús en este pasaje nos inspire a vivir nuestras vidas con verdadero propósito y significado, siempre buscando honrar a Dios y llevar su amor y misericordia a quienes nos rodean. Que así sea. Amén.