December 9, 202500:05:09

II Domingo de Adviento: 9 de Diciembre (P. Manny Rodríguez Delgado, C.Ss.R.)

(Mateo 18:12-14)

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús,

Les doy la bienvenida a "LA BUENA PALABRA", nuestro podcast diario en el que los Misioneros Redentoristas de la Provincia de Baltimore comparten la Buena Nueva de Jesús. Soy el Padre Manuel Rodríguez, redentorista, de la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Brooklyn, Nueva York.

Hoy es el 9 de diciembre del año 2025. Estamos en la temporada de Adviento. El Evangelio nos presenta al Buen Pastor que deja a las noventa y nueve para buscar a la oveja perdida. Esta imagen es perfecta para este momento del año, porque el Adviento no es solo nuestra espera por Dios: es la certeza de que Dios viene a buscarnos primero.

Todos, en algún momento, nos alejamos un poco de Dios y de la comunidad: sea por cansancio, distracciones (por ejemplo, el consumismo de este tiempo), preocupaciones diversas o por el pecado. Pero el Señor no se resigna. Él sale a nuestro encuentro, se acerca a nuestras oscuridades y nos llama por nuestro nombre. Eso es la Navidad que se acerca: un Dios que nos busca y no nos deja solos.

Jesús dice que el Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. En Adviento, esta verdad nos invita a dos cosas:

1. Primero, dejarnos encontrar por Dios, permitir que Él cure nuestras heridas, renueve nuestra esperanza y anime nuestro regreso a nuestra familia y comunidad.

2. Segundo, buscar también a quienes están lejos: un hermano triste, un familiar herido, alguien que no se siente digno, un enfermo o un envejeciente que se siente solo.

Me hace pensar en varias personas que durante toda la semana no reciben ni una sola visita, excepto el Ministro de la Eucaristía, quien les lleva a Jesús en la hostia todos los domingos, y en la alegría que sienten con esta visita, especialmente al escuchar el toque a la puerta o el sonido del timbre. El Adviento nos pide tener un corazón que no se acostumbra a la ausencia de nadie. Tanto debemos entristecernos por la ausencia de un ser querido en nuestros encuentros familiares.

Que este tiempo nos prepare para recibir al Dios que viene a cargarnos sobre sus hombros y a traernos de regreso a la alegría.

Amén.

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